Dos películas
Sábado, Agosto 22nd, 2009
Una muchacha cabalga sola por un bosque y es asaltada por unos bandidos, que la violan y la matan. Los bandidos siguen su camino y llegan precisamente a la casa de los padres de la muchacha, donde, haciéndose pasar por jornaleros, son acogidos y se les ofrece trabajo. Pero el jefe de los bandidos intenta venderle a su anfitriona la hermosa camisa bordada que le arrebataron a su víctima, lo que despierta la sospecha de los dueños de la casa... Qué buen argumento para uno de esos westerns claustrofóbicos de Anthony Mann, al estilo de El hombre del Oeste, por ejemplo. Pero no es un western, no al menos declaradamente, sino una de las películas de ambiente medieval y asunto teológico de Ingmar Bergman: El manantial de la doncella. Y eso, naturalmente, cambia las expectativas. En el primer caso, al inevitable estallido violento hubiera seguido una renovada conciencia del vivir, a la que el recuerdo de una experiencia ingrata no aporta sino una especie de cansada lucidez. En el otro, que es el que tenemos entre manos, el desenlace apunta inevitablemente a una sublimación que se dirime en terrenos que escapan a las expectativas meramente humanas: el vengador incurre en nuevas culpas, su conciencia abrumada le lleva a hacer severos votos de penitencia, la naturaleza misma se une a esta atmósfera de desmesura, añadiéndole un milagro...… Leer más






















