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Isabel Sarli, el mito erótico argentino, vuelve al cine


embrujada02A finales de los años 50, el cine argentino conoció una actriz sensualísima que causó furor especialmente entre el público masculino y que provocó la ira censora de la dictadura que gobernaba el país (algunas de sus películas se cercenaron tanto que quedaron reducidas a cortometrajes). Isabel Sarli caló tan hondo en los espectadores que incluso algunas de las frases de sus diálogos pasaron a lenguaje popular: “Hombre malo, qué pretende usted de mí”, “Chupe mi’jo que es trabajo” o “Así te quería tener: ¡carne sobre carne! Con veintipocos años, Hilda Isabel Sarli Gorrindo Tito (Concordia, Entre Ríos, 1935), conocida por todos por Isabel Sarli o La Coca, se convirtió en el mito erótico argentino por antonomasia gracias, morbo mediante, a su propio marido: el director Armando Bó, con el que ha realizado la mayor parte de su filmografía. Bó fue su director y su partenaire en pantalla (y lo era hasta cuando no lo era: ningún otro hombre tocaba a Sarli; si una mano, por ejemplo, la acariciaba era la suya, aunque se correspondiera al personaje interpretado por otro actor). Fue una relación de amor y pasión que traspasó la vida para recrear la ficción y, de alguna manera, impregnar de nuevo la vida. Ambos, Armando e Isabel, se sirvieron del cine para llevar a cabo todas sus fantasías. Se divirtieron, jugaron, se amaron y lo compartieron con los espectadores. Armando Bó estaba fascinado por Isabel Sarli; fue un Pigmalión que sí pudo disfrutar desde el primer momento de la carne de su amada. Isabel era la única estrella femenina de sus películas, la gran mujer de sus historias. No tuvo rival. Armando idolatró con su cámara a su esposa y creó mundos paralelos en los que poder disfrutar (de)con ella.


Cuando el director murió en 1981, Sarli desapareció de la escena en un acto absolutamente coherente: su cine-vida no tenía sentido sin el fuego real de la pasión. Y es que Armando lo fue todo en la vida de Isabel: su padre, su hermano, su amante… Hoy, tras casi dos décadas de retiro, Isabel Sarli ha retornado al cine con Arroz con leche (2009), de Jorge Polaco, y Mis días con Gloria (2010), de Juan José Jusid. Arroz con leche, basada en la novela Papá no te escapes del asilo, del español Antonio Moneo, es una comedia sobre un viudo que provoca una auténtica revolución en el geriátrico en el que ha sido internado. En un paso más en su atrevimiento, Sarli interpreta a Santa Isabel. De la liberación sexual a la santidad hay solo un paso… Mis días con Gloria es otro cantar. Ahora la actriz no es un personaje episódico, sino la coprotagonista e interpreta a una actriz veterana que se cruza en la vida de un asesino que desea redimirse.


La Coca se descoca


sarli_1Miss Argentina 1955, Sarli, pura carnalidad, debutó en la pantalla con El trueno entre las hojas (1956), todo un escándalo en la época. Su propia madre, que la acompañó al estreno, decidió no volver a ir jamás a ver una película de su hija. ¿Por qué? Isabel aparecía totalmente desnuda, primer frontal del cine argentino que hizo de ella inmediatamente todo un símbolo sexual (las revistas Times y Life le dedicaron atención). Aquel primer desnudo no fue consentido por Sarli, a quien se le hizo creer que rodaría la escena con una malla color carne. Finalmente, Armando, ágil con la palabra, pudo convencerla de que se desnudara y le prometió que no se iba a ver nada porque la lente que iba a utilizar era muy pequeña. No fue así, claro. Todo el volumen de Sarli apareció en los cines gracias al pérfido Bó. Afortunadamente, la sangre no llegó al río y Sarli se convenció de su “sex-appeal” cinematográfico. Comenzaron así toda una serie de películas cada vez con más carga erótica y menos pretensiones, casi todas ellas con un “leit motiv”: una mujer, Isabel, asediada por los hombres, a los que ella buscará por accidente o de “motu propio” en sus propios lugares de trabajo. Verla pasear entre rudos trabajadores es extraño a la par que morboso. En sus películas, Isabel Sarli es un puro objeto sexual: es violada reiteradamente en algunas, es una ninfómana en otras… Y siempre sin perder cierto halo cándido. Una inocente mujer al fin y al cabo. Y sea en el país que sea: Paraguay, La burrerita de Ypacaraí (1962), Venezuela, Lujuria tropical (1962), Brasil, Éxtasis tropical (1969), Embrujada (1969), Panamá, Desnuda en la arena (1969)… Tal era el deseo entrepernero del público por verla que los cines, o eso se dice, informaban de los minutos en los que se le podía ver la piel. Un par de veces le fue infiel profesionalmente Isabel a su marido, pero uno “adulterio” merecía la pena. En 1962, Leopoldo Torre Nilsson, uno de los grandes de la cinematografía italiana, la contrató para Setenta veces siete, donde compartió protagonismo con nuestro Francisco Rabal. La historia, sin embargo, no distaba mucho de las que hiciera para Armando Bó: una mujer deseada por dos hombres, que se aprovechan de ella, acaba tomándose la justicia por su mano.


El cine de Armando Bó es pedestre, rudimentario, repleto de errores técnicos y de guión, de interpretaciones regulares: cine mediocre, vaya, pero posee interés no solo por los obvios encantos de Isabel Sarli, siempre fotografiada con mimo, sino porque se enfrentó al puritanismo de la época abiertamente. Bó hizo de su cine una herramienta de provocación. Y, además, qué duda cabe, sus películas son un estupendo documento sociológico para analizar el rol de la mujer en una sociedad tremendamente machista (no hay que obviar que Sarli no representaba sino el modelo de mujer que gustaba a los hombres).


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En España sus películas llegaron más tarde, en los 70, con el destape, pero aún de forma tímida. Aquí éramos todavía muy cautos y las lujuriosas formas de Isabel Sarli, latina exhuberante que podría hacer sombra a cualquier “magioratta”, eran demasiado obscenas. Isabel Sarli, morena, torneada, exultante, aún no ha logrado el sitio que se merece entre los espectadores españoles. A este cuerpo “”suculento, rebotón y dionisíaco”, como escribiría el periodista Mario Ferrari Brown, no se le ha saboreado bien ni en nuestros cines ni en nuestros reproductores de DVD. Falta una buena colección de su filmografía. Y ya queremos carne, su carne.


isabel2carne





















Texto: José Manuel Serrano Cueto.
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Isabel Sarli, el mito erótico argentino, vuelve al cine10.0102
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6 Comentarios to “Isabel Sarli, el mito erótico argentino, vuelve al cine”

  1. Gonzalo Dice:

    jajajaja si pones mas tetas aquel comentarista se volvera a quejar jaja

    pero por mi encantado que vaya otras dos tetas bonitas !!!!!!!

    gracias por darnos a conocer a esta exuberante argentina

  2. bmolinero Dice:

    Es bonito recordar cosas bonitas como a Isabel Sarli, vaya un homeneje para ti, hermosa.

  3. boris Dice:

    Siempre ha sido más interesante lo erotico que lo pornográfico.Jugar con la sensualidad es más interesante para el espectador.

  4. Quatermain Dice:

    Amigo Gonzalo: aquel comentarista es un servidor (jajaja), y en este caso no me quejo, ya que José Manuel ha hecho lo que prometió y nos ha ofrecido un artículo interesante e instructivo.

    Si acaso sí que diría (oh! allá vamos! jajaja) que, puestos a poner un video, podría haber sido otro en que se apreciara mejor la lozanía de Isabel Sarli (y en el que no violaran a la pobre, caramba).

    Jajaja.

  5. José Manuel Serrano Cueto Dice:

    Tienes razón, Quatermain, y lo he cambiado, para que veas que os hago caso. No obstante, el vídeo sí era representativo de las películas de Sarli, donde es violada constantemente. Cosa de lso hombres de antaño, chico, a los que debía ponerles ver en pantalla actos tan deleznables. Es un tema para analizar.

    Saludos.

  6. Quatermain Dice:

    Me parece estupendo que hayas cambiado el video. La verdad es que una de las cosas que menos soporto ver en el cine son las violaciones (manías que tiene uno), así que te lo agradezco enormemente.

Comentarios

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