¿Te apetece ver…

Muy pronto podremos disfrutar de la segunda parte de La herencia Valdemar, la película de José Luis Alemán de la que ya hemos hablado en varias ocasiones…

¿Quieres ganar…

Avalon ha sacado a la venta el DVD de In the Loop, una comedia de Armando Iannucci (cómico radiofónico y televisivo muy conocido en Gran Bretaña)…

¡Tenemos más…

Necesitamos distribuidoras como L'Atelier 13, dispuestas a rastrear en los miniclásicos del cine fantástico para goce y disfrute de los aficionados. Ahora os…

 


El sida en la pantalla cinematográfica. De 1980 a 2000. Veinte años con el miedo y la muerte


John Huston nos había dejado una maravillosa película a finales de los 60 titulada Paseo por el amor y la muerte (A walk with love and death, 1969). A pesar de tratar sobre la Edad Media, su título nos acompaña claramente en un viaje metafórico de ese mundo lleno de guerras y de pestes vinculado en cierta forma a cómo nos dejaba el siglo XX. Este título, en gran medida, recuerda a lo que fue el sida durante esos últimos veinte años.


Como ha sucedido en la realidad social, el virus siempre ha estado más relacionado en la pantalla con la comunidad homosexual que con la heterosexual, independientemente de que los casos detectados llevaran a pensar en la plaga de las cuatro haches: hemofílica, heroinómana, homosexual y haitiana. Aunque, a partir del 2000, y especialmente a raíz de la implantación de los tratamientos médicos y de los retrovirales, la pantalla ha criticado y reflejado el negocio, la marginación o la inmoralidad entre las sociedades avanzadas y los países del tercer mundo, o el comercio y tráfico de los medicamentos, en películas tan variadas como Yesterday (Yesterday, 2004), del sudafricano Darrell James Roodt, o El jardinero fiel (The constant gardener, 2005), del brasileño Fernando Meirelles.


Repasar el cine es repasar la crónica social de los últimos treinta años: los mismos miedos, las mismas marginaciones, el silencio, la denuncia y el terror y pánico de la enfermedad. Aunque la comunidad médica tiene constancia desde finales de los 50 de muestras de sangre contaminada, no es hasta los primeros 80 cuando se extiende esta nueva peste, de forma inmediata y mortal, y la marginación, la de la sociedad y la del propio portador que tiene que ocultar ante sus amigos, sus compañeros y su propia familia su enfermedad. Los primeros 80 son los años de silencio, miedo y temor. Hay que tener en cuenta que, en esos primeros momentos, el desconocimiento de las formas de contagio hacía que la sociedad desconfiara absolutamente de todo: desde la saliva hasta el tacto podían ser objeto de una histeria colectiva que llevó a pensar que sería más fácil curar el sida en un determinado momento que la paranoia mental de los que creían poder ser contagiados. Ese desconocimiento global, y el hecho de asociarlo a un virus, algo genérico para la mayoría de las enfermedades comunes, hacía temer a la sociedad la forma de relacionarse con ese entorno, de alguna manera maldito, y su posible contagio.

Durante los primeros casos de sida se realizaron investigaciones para establecer los vínculos sexuales de un grupo de 40 personas que padecían de infecciones oportunistas, llegándose a un portador de origen, conocido como el Paciente O, apodado en prensa con el nombre de Paciente Zero. Este individuo era Gaëtan Dugas, un canadiense homosexual que trabajaba como auxiliar de vuelo y del que volveré a hablar por ser protagonista de una de las películas citadas. Durante esa etapa se llegó a pensar que era la persona responsable de que el sida se hubiera introducido en Norteamérica.

La muerte de Rock Hudson y la de Freddy Mercury supusieron la repercusión global, y la concienciación, de que nadie estaba a salvo. No era un problema de dinero, era la nueva peste negra que avanzaba imparable a un final de milenio donde los apocalípticos hacían suyas; los nuevos castigos y las nuevas plagas que se avecinaban, como maldición divina, pregonada por sus diferentes ideologías.

En 1983, Luc Montagnier, junto a Françoise Barré-Sinoussi, consiguió aislar el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y con ello las vías de transmisión. Las formas de contagio quedaban establecidas.


Algunos de los filmes comentados hacen referencia al contagio por transfusión sanguínea, pero serán los mínimos; es el sexo, en la pantalla, el primer protagonista.


LOS AÑOS 80


An early frost (1985).

Director: John Erman. Con Aidan Quinn, Ben Gazzara, Gena Rowlands, y Terry O’Quinn.


Una emisión de NBC en la noche de un 11 de noviembre de 1985. La gente quería saber algo, cualquier cosa, sobre esta nueva enfermedad que estaba barriendo el país. La película ganó cuatro de los catorce premios Emmy para los que fue nominada. An early frost fue la primera gran película sobre el sida, donde se hacía referencia a los amigos que estaban muriendo en un momento en el que todo el mundo tenía miedo y la confusión sobre lo que estaba pasando paralizaba cualquier tipo de acción.

La película analiza las reacciones de la gente ante el sida y quizás marcara el inicio de una información y educación sobre el tema en una sociedad desprevenida y nada informada hasta ese momento. Quitar el miedo y los temores de algunas personas. Pero, sin embargo, cuántas en 1985 siguieron creyendo que solo afectaba a la comunidad gay y que no tendrían de qué preocuparse. El film retrata claramente cómo la familia reacciona no solo con el sida, sino también ante la homosexualidad. Es el principio, pero marca la senda de lo que quedaba por realizar.

Es la historia de una joven y prometedora pareja, formada por Michael Pierson (Aidan Quinn), un abogado de Chicago que atraviesa por un gran momento profesional y descubre que tiene el sida, y su compañero Peter (DW Moffett), un restaurador de antigüedades. Cuando se muestran los primeros signos del sida, Michael no solo debe decirle a su familia que es gay, sino también que se está muriendo. Las reacciones del círculo familiar van desde la abuela que le prestará todo su afecto a su mujer embarazada, temerosa de que le sea transmitida la enfermedad a su hijo. Una familia que lucha por entender y aceptar morir a un hijo que se ha convertido en un extraño para ellos.

Entronca perfectamente con la realidad del momento, donde la gente no sabía nada. Esta historia, que fue concebida para la televisión, estaba salpicada de los conocimientos que sobre el sida había en ese momento e informó a la sociedad, tal y como he comentado, sobre la enfermedad.


Miradas en la despedida (Parting glances, 1986).

Director: Bill Sherwood. Con Steve Buscemi, Richard Ganoung, John Bolger.


Con una carrera prometedora, Sherwood murió antes de poder desarrollarla a la edad de 37 años víctima de la enfermedad. Es conocido por esta película que dirigió y escribió, una agridulce comedia que desarrolla un período de 24 horas en el ambiente gay de la ciudad de Nueva York.

Michael (Richard Ganoung) y Robert (John Bolger) son una pareja gay de Nueva York que tiene que afrontar un reto importante: Robert ha de ir por motivos de trabajo a África por un periodo de dos años. Michael empieza a sospechar cuáles son los verdaderos motivos del viaje. Destaca la interpretación de Steve Buscemi como Nick, amigo de Michael y Robert, como un enfermo de sida.


Postales desde el filo (Postcards from the edg, 1990)

Director: Mike Nichols. Con Meryl Streep, Shirley MacLaine y Dennis Quaid.


Suzanne Vale (Meryl Streep), una actriz con problemas de drogadicción a la cocaína, ingresa de urgencias en un hospital por abuso de psicofármacos, lo que obliga a practicarle un lavado de estomago. Se somete a una cura de desintoxicación en un centro donde participa de sesiones de terapia de grupo. Tras ello tiene la oportunidad de volver a protagonizar una película. Los productores no quieren problemas y exigen que se mantenga alejada de las drogas. Suzanne se ve obligada a volver a casa con su madre, una estrella de los años 50 que se niega a perder el protagonismo que tuvo en Hollywood.

Cuando va a visitar a un “ligue” este le pregunta “…oye, no tendrás el…”, “creí que eras del comité de notificación del sida a los famosos” (cita tomada de la Universidad de Salamanca, excelente trabajo del Doctor Antonio País de Lacerda). La madre es alcohólica y depresiva y utilizaba hipnóticos para dormir a Suzanne cuando era pequeña. Tiene un accidente de coche y sufre una conmoción cerebral.


Compañeros inseparables (Longtime companion, 1991).

Directora: Norma René. Con Sam Crockett, Matthew Easton, Dino Phillips.


Habla de tres parejas de amigos homosexuales y es dentro de este pequeño grupo donde aparecerá la enfermedad trastocando sus vidas. El título es una referencia a las primeras esquelas aparecidas en prensa, donde se usaba este termino “Compañeros inseparables”. Comienza la pandemia y con ella también la esperanza y el deseo de lograr algún día acabar con esta pesadilla.


Los amigos de Peter (Peter’s friends, 1992).

Director: Kenneth Branagh. Con Kenneth Branagh, Emma Thompson, Hugh Laurie.


Los amigos de Peter es una metáfora-fiesta; fin de año y fin de una vida, donde el protagonista decide invitar a sus amigos. Han pasado diez años y el reencuentro trae también la realidad, los sueños rotos, los fracasos, el llanto y la alegría y, cómo no, la sorpresa final, donde les hará partícipes de su despedida y de su enfermedad.


Las noches salvajes (Les nuits fauves, 1992).

Director: Cyrill Collard. Con Romane Bohringer, Cyrill Collard, Carlos López.


En Francia, Cyril Collard realiza un film totalmente autobiográfico y que se convierte en su testamento. Resultó ser su primer y único largometraje, dirigida e interpretada por él mismo. Encarnaba a un hombre bisexual, portador de VIH, con dos relaciones paralelas en las que la pasión y la violencia se apareaban por igual. Ganadora de cuatro premios César (Mejor Edición, Mejor Ópera Prima, Mejor Actriz Revelación y Mejor Película) en 1993.

Desafortunadamente, Cyril no pudo asistir a la gala debido a que falleció días antes de la entrega. La película analiza la reacción de Collard al darse cuenta de que es portador y cómo decide seguir viviendo y manteniendo todo tipo de relaciones sin ninguna protección. Una película llena de provocación en donde el protagonista no duda en defenderse de una agresión, exhibiendo su propia sangre y el sida como arma de ataque

Hay un absoluto desconocimiento sobre la transmisión, incluso la enfermera que le pincha no utiliza guantes, desoyendo las recomendaciones que el propio Jean le hace. Temerariamente, desestima el riesgo.


En el filo de la duda (And the band played on, 1993).

Dirección: Roger Spottiswoode. Con Matthew Modine, Alan Alda, Richard Gere.


Matthew Modine protagoniza una película sobre el sida y sus inicios, cuyo título en inglés es And the band played on, alusión a la vida que continúa, que siga sonando la música… Tiene el interés de plasmar la lucha entre el Instituto Pasteur y el doctor Robert Gallo por descubrir y aislar el virus, en un mano a mano en la carrera final en paralelismo a la relación de los dos protagonistas.

En España el film lleva por titulo En el filo de la duda, haciendo mención al tiempo que tardaba el virus en manifestarse y al tiempo también que, después de aislado, llevaba detectarlo. A la espera del veredicto implacable y, como si de un juicio sumarísimo se tratara, el paciente impotente esperaba el resultado de la vida o de la muerte. Positivo o negativo marcaban el futuro.


Philadelphia (Philadelphia, 1993).

Dirección: Jonathan Demme. Con Tom Hanks, Denzel Washington, Antonio Banderas. (Ver Comentário en Cuando el cine sale del armario. Capítulo I).



Ya comentada, y quizas la más conocida sobre el tema, esta película tiene como punto positivo tratar la enfermedad junto a la discriminación laboral por el sida y la homosexualidad. Andrew Beckett (Tom Hanks) es un joven que trabaja como abogado, tiene un amante latino Antonio Banderas y ha desarrollado el sida. Cuando comienzan los primeros síntomas de la enfermedad (sarcoma de Kaposi) es despedido acusado de negligencia profesional. Sabiendo que el motivo es otro, demanda a la empresa, pero solo hay un abogado en la ciudad, llamado Joe Miller (Denzel Washington), que decide comenzar la demanda contra el bufete de abogados.


Paciente cero (Zero patience, 1993)

Dirección: John Greyson. Con Norman Fauteux, Von Flores, John Robinson.


Es una comedia musical canadiense sobre las actitudes ante la enfermedad y la transmisión del VIH. Se denomina Paciente Zero al primer individuo o grupo de individuos que fueron infectados. La película ahonda sobre la introducción del VIH en América del Norte por una sola persona, Gaëtan Dugas. A Dugas, más conocido como paciente cero, durante algún tiempo, y que como ya se ha comentado, se le hacía responsable de la transmisión, a raíz de sus viajes a Canadá, EEUU y el Caribe. A raíz de la aparición del sarcoma de Kaposi, cáncer que se manifiesta especialmente en la piel, y de una neumonía, moría en 1984. Algunos, en su histeria popular, marcaron con nombre y apellidos el principio del drama, culpabilizándole de algo en lo que había sido victima como millones de personas.


A place for Annie (1994).

Dirección: John Gray. Con Sissy Spacek, Mary-Louise Parker, Lauree Berger.


Película realizada para la televisión con fuertes dosis lacrimógenas. Annie Marsten es una niña seropositiva, cuya madre, Linda (Mary-Louise Parker), adicta a la heroína y con graves problemas en su propia vida, la abandonan en el hospital. La enfermera Susan Lansing (Sissy Spacek) se ocupa de ella, al principio desde la unidad de cuidados intensivos del hospital, pero al pasar los meses y ver que no puede continuar ingresada en dicho centro, decide adoptarla. Antes de que pueda hacerlo, la madre biológica demanda su custodia.

Lucha entre las dos mujeres, cada una representando sus conceptos de clase y los clichés habituales en este tipo de conflicto, la clase trabajadora representada por Linda que ve en la enfermera la mujer llena de privilegios y de oportunidades.

La película, de gran interés y muy bien construida, ofrece mucha información sobre la infección y se hace eco de muchos temores y dudas. Al final no parece descabellado pensar que las dos mujeres acabaran por compartir el mismo techo. Intensas emociones, que se complicarán en el desarrollo de la convivencia.


Que nada nos separe (The cure, 1995).

Dirección: Peter Horton. Con Brad Renfro, Aeryk Egan, Joseph Mazzello.


Excelente película que versa sobre la infección por transmisión sanguínea y que tiene como protagonista a un niño. Erik es un chico de 13 años (Brad Renfro) que vive con su madre, una mujer divorciada que, a pesar de vivir cómodamente, está siempre amargada. Separados por una valla, al otro lado se encuentra su vecino Dexter, (Joseph Mazzello), que convive solitario con su madre y su enfermedad, causada por el sida debido a una transfusión sanguínea. Al principio del film, y cuando establecen la primera conversación, Frik le comenta “¿estás seguro que tus gérmenes no viajan por el aire?”. A partir de ahí se establece una relación de amistad, donde nada importa, solo la cura de su amigo.Cuando la madre de Dexter, le invita a degustar un suculento helado, Frik lo devora al instante y, al ver que su amigo apenas lo ha probado, le pide si puede comerlo. La madre le contesta, que, aunque los médicos dicen que no hay problema, con los hijos de otras personas prefiere no arriesgar. Deciden encontrar una solución, apoyada en su dieta de vegetales y de frutas. Animados por una noticia sensacionalista, donde un doctor llamado Fishburn ha encontrado una planta para curar el sida en los pantanos de Louisiana, planean un largo viaje en busca de la solución, hacia Nueva Orleans, donde también se encuentra el padre de Erik. Después de una serie de aventuras, Dexter ingresará en el hospital, donde ambos juegan con la muerte asustando al personal clínico.

La película desarrolla también un interesante duelo entre las dos madres, una recriminando y tratando de evitar la amistad por miedo al contagio, y gritándole: “no es sarampión, ni viruela, es sida, ¿qué quieres hacer?, ¿matarnos?”.

Que nada nos separe es un canto a la amistad desde una conmovedora convivencia. En un determinado momento la sangre es el problema, pero anecdóticamente la defensa ante el enemigo, como ya pasara en Las noches salvajes. Conmovedora película que aborda el problema de las enfermedades infecciosas en víctimas inocentes. No entiendo cómo no se ha rescatado en dvd.


Kids (Kids, 1995).

Dirección: Larry Clark. Con Leo Fitzpatrick, Justin Pierce, Chlöe Sevigny.


Película del cine independiente, icono de toda una época. Muy dura y criticada en su momento por la elección de actores muy jóvenes y la provocación del guión: la película refleja la historia de una pandilla de adolescentes en Nueva York con sus habituales problemas y la búsqueda de la felicidad a través del alcohol, las drogas y el sexo. Son niños jugando a mayores, “follar”, en su lenguaje cotidiano, es la norma entre los chicos. La relación de Telly y Casper es de absoluta complicidad, en un momento del film, comenta en tono coloquial que el sexo oral no tiene valor pero que desvirgar chicas es algo meritorio, ya que todas llorarán tu muerte, cuando eso suceda a los 50 años. No usan condón porque les aprieta y deciden pasar de cualquier tipo de protección… El sida, pues, recorre la película tramo a tramo, y, aunque no sea el tema fundamental, está presente en cada paso de sus actos. Todo ocurre en apenas 24 horas, en un ambiente ficticio ausente de valores familiares y legales. Valiente película, donde uno de los protagonistas cree que la forma de no contraerlo es teniendo relaciones con chicas vírgenes (sexo seguro) y hacer gala de sus conquistas, como si se tratara de coleccionarlas.

Las chicas también comentan desenfadadamente las relaciones, el haber sido desvirgadas y el que ni siquiera las vuelvan a llamar dice una. En el mismo tono, su amiga le contesta que no se preocupe porque además la primera vez siempre es una mierda, y que, por lo menos, fue en una cama y no en la parte trasera de un coche. Los diálogos son tan verosímiles que cuesta trabajo incluso transcribirlos.

Una de las chicas, Jennie (Chloë Sevigny), la que se queja de lo cabrón que es Telly, da positivo en una serología de VIH, después de saber con absoluta certeza que solo había mantenido relaciones sexuales con él. Mientras, su amiga, que nunca había usado preservativo y había mantenido una continua promiscuidad, da negativo. El film tiene la honestidad de transmitir a una joven generación un mensaje muy claro, puedes o no contraerlo, pero solo basta una vez para que eso ocurra, y más sin protección.

La película complica más su acto final en una orgía, donde Jennie trata de encontrar a Telly y pararle, pero todo parece abocado al fracaso; lo peor para ellos, tal y como comentan en un pasaje, seria no follar.

Chlöe Sevigny inició a partir de aquí una excelente carrera con películas como Dogville o Boys don´t cry, por la que ganó el Globo de Oro y fue nominada al Oscar.

Por su parte, el protagonista de Casper (Justin Pierce) se suicidó el 10 de Julio del 2000, con apenas 25 años en una elegante suite de Las Vegas.


Jeffrey (1995).

Dirección: Christopher Ashley. Con Steven Weber, Michael T. Weiss, Patric Stewart.


Divertida y coherente historia del sexo en la edad del sida del dramaturgo y guionista Paul Rudnick. Se trata de una comedia acerca de un gay asustado (Steven Weber), que, debido a su terror a contraer el VIH, renuncia a tener relaciones sexuales. Abraza el celibato hasta encontrar al hombre de su vida. Él es gay y está aterrorizado por la posibilidad de contraer el virus y cansado de las relaciones rápidas y esporádicas, contento con esta situación hasta que se cruzará en su camino Steve (Michael T. Weiss), que resulta ser el VIH positivo.

Película divertida, en un trasfondo colorista de Manhattan y con un guiño homenaje a Woody Allen, con el recuerdo de su frase “Me gusta el sexo”. La película entrecruza sus fantasías de actor y tiene graciosas escenas como cuando está a punto de ser atropellado en la Octava Avenida y aparece la madre Teresa de Calcuta para protegerle; la sátira salpica continuamente, incluso Sigourney Weaver desempeña a una ensimismada gurú de auto-ayuda.


It’s my party (Fiesta de despedida) (It’s my party, 1996).

Dirección: Randal Kleiser. Con Eric Roberts, Gregory Harrison, Margaret Cho.


Nick Stark (Eric Roberts) es un famoso arquitecto de Los Ángeles, que sufre una afección en el cerebro complicada por causa del sida, pudiendo morir en cualquier momento o quedarse en coma. Se niega a una forma lenta de agonía y quiere morir dignamente, para ello hace uso de su influencia y amistades con el fin de morir rodeado de los seres queridos y ayudado por sus amigos. Durante dos días tiene lugar esta fiesta de partida hacia la muerte. Todos quieren participar en el último homenaje, entre ellos Brandon (Gregory Harrison), su ex, que le abandonó al enterarse de que Nick tenía sida, y que no había sido invitado a la reunión. Sin embargo, Brandon intenta asistir de todas formas.

La relación de la madre, su hermana y su ex amante, deriva en momentos cargados de gran dramatismo, y donde se interponen las amarguras, el dolor, los remordimientos, especialmente a medida que el desenlace está llegando a su fin, pero se impone la calma de saber que todos están unidos por su amor. Claro alegato a una muerte digna, inaugura el desembarco de una visión reivindicativa por el derecho a la eutanasia. Años más tarde, en The event, la despedida se tornará bajo los mismos principios en un esperpento entre el gozo y la gran tragedia.


Trainspotting (Trainspotting, 1996).

Dirección: Danny Boyle. Con Ewan McGregor, Robert Carlyle, Ewen Bremmer.


Película sobre cinco jóvenes pertenecientes a la clase trabajadora de Edimburgo (Escocia). Mark Renton, chico de alquiler (Ewan McGregor), es un drogadicto que no aspira a nada en la vida. Rodeado de su grupo de amigos, Frankie (Robert Carlyle) es un violento y alcohólico psicópata. Daniel “Spud” Murphy (Ewen Bremner) es el más sensible de todos y está irremediablemente enganchado a la droga. Al Speed y Simón David “Sick Boy” Williamson (Jonny Lee Miller) es un proveedor de la droga que admira las películas sobre la vida de Sean Connery y las películas de James Bond. Tommy MacKenzi (Kevin McKidd), en cambio, está obsesionado con Iggy Pop, no quiere saber nada sobre drogas hasta que el día que finalmente las prueba. Los cinco mantendrán una amistad incondicional que será puesta a prueba en varias oportunidades. Todo se centra en torno a Renton, que va contando en primera persona lo que le pasa por la cabeza, incluso da ácidas opiniones sobre los ingleses y el antagonismo con los escoceses, llamándoles gilipollas de forma cómica, al decir que no les tiene manía. Todos cuentan sus anécdotas, destacando Begbie y la historia con la drag-queen. Neumonía, sida por drogadicción de heroína; en fin, todos los tópicos desfilan en un colocarse con todo lo que se pille, afirmando que ni siquiera lo mejores orgasmos multiplicados se acercarían a lo que sienten. Contagio por compartir jeringuillas. Sobre un trasfondo de miedo a la gran epidemia del siglo XX, nos muestra la muerte de uno de los amigos, Tommy, es el primero en morir víctima del sida (absceso cerebral por toxoplasma), aunque la sospecha inicial les hacia pensar que era neumonía.


Al caer la noche (In the gloaming, 1997)

Dirección: Christopher Reeve. Con Glenn Close, Robert Sean Leonard, Bridget Fonda.


Algo más de una hora dirigida por quien diera vida al célebre Superman y hoy ya fallecido.

Narra las consecuencias del sida en el entorno familiar. Danny (Robert Sean Leonard) es un joven enfermo en fase terminal que regresa a casa de sus padres a pasar sus últimos días de vida. Se le acepta de nuevo en casa, se arreglan y preparan los espacios que acogerán la habitación… Llega Myrna (Whoopi Goldberg), la enfermera para los cuidados cada vez más intensivos que requiere Danny. Hablan de AZT, de sida. Danny ha regresado a morir en su casa. Con sutileza la madre trata de no hablar del tema; el padre intenta ser amable.

Mientras espera el fin irá recordando su infancia e intentará crear nuevos vínculos con su madre, Janet (Glenn Close), a la que siempre estuvo muy unido. Observando el atardecer crepuscular, la metáfora del final de la vida saboreando los últimos momentos. Película con excelente reparto que aborda los prejuicios y los miedos a la llamada plaga del siglo XX.

La relación de sus padres se pierde en la rutina, en el devenir propio del matrimonio. Y de repente todo se rompe, la vida tiene otro ritmo, se descubre un nuevo tiempo. ¿Cuál es nuestra reacción ante la muerte de alguien cercano y querido? La tragedia nos une al amor, no tenemos tiempo para darnos una nueva oportunidad, el crepúsculo inexorablemente llega.


Con plumas y lo loco (Love!, valour!, compassion!, 1997).

Dirección: Joe Mantello. Con Jason Alexander, Randy Becker, Stephen Bogardus.



La película, planteada casi como una obra teatral o como si de un musical se tratara, tal y como le gustaría a uno de los invitados, Buzz, acérrimo de los musicales de Broadway. Desafortunada traducción del original, los valores del titulo, “amor, valor y compasión” están totalmente presentes en el devenir del verano. Un día a mediados de mayo, Gregory (Stephen Bogardus) invita a sus siete amigos a su casa medio victoriana-medio modernista para pasar unos días en medio del campo, junto a un lago, el sitio perfecto para desconectar del ruido y el estrés de la ciudad. Los invitados van llegando escalonadamente: Arthur (John Benjamin Hickey) y Perry (Stephen Spinella), que llevan siendo pareja durante más de 13 años. Con ellos, Bobby (Justin Kirk), un atractivo personaje invidente y que es el cariñoso novio de Gregory. Luego está John (John Glover), un educado y frío inglés, que aparece con su última adquisición, el hispano Ramón (Randy Becker), que es bailarín y se siente inmediatamente atraído por el ciego. Por último, Buzz (Jason Alexander), que tiene sida y además viene solo a la invitación de su amigo.

A lo largo de tres fines de semana, desde mayo hasta finales del verano, vemos la relación y el cambio entre las emociones e incluso el aspecto físico del grupo de amigos, para los que el amor, los celos, la traición, la amistad o incluso la salud es algo fundamental.


Alive & Kicking (1997).

Dirección: Nancy Meckler. Con Jason Flemyng, Anthony Sher, Dorothy Tutin.


Película británica, narra la vida de un bailarín, cuyo maestro y corógrafo muere victima del sida y con el cual el también ha mantenido una entrañable relación. El film tiene la valentía de establecer una unión entre él y un trabajador social de la prevención contra el AIDS. Sabiendo de antemano que es portador, pero también estableciendo que le sería difícil mantener una relación con alguien físicamente tan atractivo si no fuera por que está dispuesto a ayudarle y a compartir su enfermedad. El film tiene una escena de danza, amor y muerte, en plena representación pública donde el bailarín apenas puede mantenerse en pie y es trasportado por su cuerpo de baile, en una representación de una belleza y dramatismo extraordinarios.


Gia (1998)
Dirección: Michael Cristofer. Con Angelina Jolie, Elizabeth Mitchell, Eric Michael Cole.


Basada en en su propio diario, narra la vida de Gia Carangi (Angelina Jolie), célebre modelo. Una de las pocas películas que recoge el sida en una mujer, quizás demasiado metraje para plasmar continuamente una pasarela, repitiéndose constantemente la rehabilitación y el uso de las drogas. La primera parte resulta más interesante, al deslumbrarse ante sus ojos el mundo del glamour y de la moda neoyorquina, del estudio 54, de las relaciones con su novio, con el quien llega a la gran ciudad, del descubrimiento de su bisexualidad pero con una continua explotación de imágenes reiterativas… De su diario, la frase “siempre quiero que me vean hermosa”, sea quizás lo más congruente del film. Las escenas finales parecen más bien una muerte de ciencia-ficción en blanco, donde los personajes casi parecen llegados del espacio que de un centro hospitalario.

Es un film que aborda temas como las drogas, estados anímicos, adicción, los trances del alcohol y el VIH. Estamos, pues, a finales de los 70 en Nueva York –pantalones de diseño, drogas y música disco. Una chica con el mundo por delante, llena de personalidad y de gran sexualidad, que pronto alcanzará el top de las portadas más importantes -Cosmopolitan, Glamour, Vogue…. Querida por todos, pero no por aquellos a los que ella quiere que la amen. Sexo, dinero, fama… todo está a su alcance. Y para una mujer como ella, en lo alto de todo, cualquier tropiezo puede conducirla al abismo. Carangi falleció el 18 de noviembre de 1986, a los 26 años. Fue una de las primeras mujeres famosas en morir a causa de las complicaciones del sida.


La velocidad de la vida (The velocity of Gary, 1998).

Dirección: Dan Ireland. Con Danny Arroyo, Jason Cutler, Olivia d’Abo.


Valentino (Vincent D’Onofrio) es un actor de películas porno y Mary Carmen (Salma Hayek) la camarera de un tugurio. Juntos forman una pareja que torna a trío cuando se presenta Gary (Thomas Jane), un antiguo amigo de Valentino. La triple relación se complica, sobre todo por el deseo y la pasión que Gary y Mary sienten por Valentino, pero la relación entre ambos cambiará a raíz de saber que Valentino es portador del sida
Valentino se está muriendo, el orden de prioridades cambia ahora la discusiones, que son sobre los cuidados, los tratamientos y quién le va a dedicar más atención; es el momento de hacer balance de sus vidas y de sus relaciones.


Drôle de Félix (2000).

Dirección: Olivier Ducastel y Jacques Martineau. Con Sami Bouajila, Patachou, Ariane Ascaride.

Enfermo de sida pero con la vida por delante, el protagonista, de origen argelino, al revisar unos viejos papeles en casa de su madre encuentra unas cartas escritas por su padre, a quien no llegó a conocer porque se separaron antes de que Félix naciera. Comprende que ha llegado la hora de ir en su busca a Marsella, Y desde su ciudad en Normandía, donde tiene una relación de pareja con su novio Daniel, decide emprender una marcha en solitaria con una pequeña bolsa de viaje, en compañía de una colorista cometa que recuerda a la bandera del arco iris-gay. Así emprende su viaje hacia el sur.

Decide hacer autostop, siempre por vías secundarias y a través de bellos paisajes. Comienzan a discurrir sus aventuras, a veces tiernas, a veces trágicas. En su camino va estableciendo diferentes conocimientos que desarrollan historias diferentes y también nuevas relaciones personales, que enriquecen la cinta con muchos personajes interesantes, como la abuela a la que ayuda a llevar la compra y que le hace plantearse seriamente muchas de sus ideas, historias con las que llegará a conectar y que parecen formar parte más de su familia que de ese padre del destino final que pretende conocer y al que cree necesitar. Con uno de los personajes mantendrá una relación sexual en pleno campo. Historias interesantes, que también desde el principio marcan el miedo y la xenofobia, y la doble marginación, por su origen árabe y por su homosexualidad. El sida no se vive como una tragedia sino como un fiel compañero de viaje.


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Hablaremos ahora del sida en la década del 2000, donde ya se producirá un cambio muy importante, pasando de la ignorancia a un perfecto conocimiento de la comprensión y del desarrollo de las terapias y de las enfermedades. Queda lejos los tiempos de la censura o del rechazo; el cine necesitaba un espacio más real y creativo pero también más cercano a la sociedad. Como inauguración de esa etapa, o fin de la anterior, merece la perna destacar Antes de que anochezca, ya comentada en el anterior artículo, y Que nadie duerma.


Que nadie duerma (No one sleeps, 2000).
Dirección: Jochen Hick. Con Tom Wlaschiha, Irit Levi, Jim Thalman.


Stefan, el protagonista, es un estudiante especializado en enfermedades de transmisión homosexual, hijo de un célebre científico procedente de la Alemania Oriental, especialista en el sida. Su padre acaba de fallecer y quiere retomar los estudios de su padre, basándose en la idea de que fue un virus creado como arma secreta en los laboratorios; algo que, por otra parte, ha sido barajado popularmente, tal como sostenía el profesor Jacob Segal, de la universidad de Berlín Oriental, quien apuntaba a los laboratorios militares de Fort Detrick (Maryland) vinculados al Pentágono. Basándose en estas teorías, el protagonista viajará a San Francisco con motivo de un congreso sobre el sida, en busca de supervivientes de aquellos experimentos secretos. Pero el acontecimiento de la ciudad es la reposición de la famosa opera de Puccini, Turandot. Coincidiendo con esta mezcla de opera y también de muerte, aparecen una serie de asesinatos en clubs de ambiente homosexual de la ciudad y que curiosamente afectan a personas seropositivas. Stefan visitará dichos locales, en busca de pistas, y allí conocerá a Jeffrey, también seropositivo con el que establecerá una relación especial, pero también se convertirá involuntariamente en sospechoso de los asesinatos y quizás en objetivo del asesino.

Hemos dejado fuera algunos títulos que pudieran metafóricamente ser interpretados con cierta vinculación al sida: El Ansía, Entrevista con el Vampiro, Alíen… No deja de ser caricaturesco el paralelismo de intercambio de fluidos en sangre para la transmisión del vampirismo y la coincidencia con la del sida.


En España, a lo largo de estos 20 años, merece la pena mencionar:


Cuernos de espuma (1998).

Dirección: Manuel Toledano. Con Jason Reeves, Cheyenne Besch, Jonathan Lawrence.


Producida por Elías Querejeta e interpretada por actores estadounidenses, peca de todos los tópicos de la promiscuidad del mundo homosexual: la noche, las drogas, las drogas de diseño, un mundo deprimente del que parecen nunca salirse los tópicos de estas tres historias que se van entrelazando. Teniendo como punto de encuentro la famosa discoteca Disco 2000, una especie de estudio 54, todos coinciden en la noche neoyorquina. Dennis (Jason Reeves) no solo trabaja en dicho club, como drag-queen, también tiene el sida, entrando en una depresión que le hará apartarse de todos. Otros dos personajes se entremezclan en la confusión, uno de ellos Amy (Tiffany Shepis), que se hace acompañar en la discoteca de un amigo con el cual no se sabe qué tipo de relación mantendrá, y la figura de un punky con el pelo teñido de rojo, aficionado a los piercings en la boca y a los tatuajes.


Todo sobre mi madre (1999).
Dirección: Pedro Almodóvar. Con Cecilia Roth, Marisa Paredes, Penélope Cruz.


Manuela (Cecilia Roth) pierde a su hijo, Esteban, después de acudir a ver la representación teatral de Un tranvía llamado deseo. A partir de aquí se suceden las historias, sin que ninguna de ellas tome definitivamente protagonismo. Viaja a Barcelona, con el fin de encontrar al padre de su hijo (Tony Cantó), del cual desconoce su existencia y que ahora es un travestí bajo el nombre de Lola. Una Barcelona bajo el ojo del modernismo, pero también bajo el ojo del huracán, drag queens, travestís, drogadictos, todos deberán prostituirse. El sida salpica la película en alguno de sus personajes, la monja (Penélope Cruz), como principal eje. Manuela se encontrará con tantos personajes casi esperpénticos que su sufrimiento pasa casi a un segundo plano, tanta gente con graves problemas que la historia de la trágica muerte del hijo se desvanece.
Magistral escena, la de Fernando Fernán Gómez, imbuido en el alzheimer, que, ajeno a todo, solo le queda el recuerdo feliz de lo perdido. Y esperpéntica escena de Tony Cantó asistiendo al funeral en el cementerio de Montjuic.


Me da igual (1999).

Dirección: David Gordon. Con Alejandro Cano, María Jurado, Álvaro Gallegos.


Jorge (Alejandro Cano) es un escritor que trata de contar una serie de experiencias en su segundo libro, que llevará por título el mismo que el de la película, una especie de testamento de vida a pesar de tener solo 26 años. Curiosamente su primer libro había sido un auténtico fracaso.

Observando a su compañera de apartamento se pregunta sobre su sexualidad al observar que Marta (María Jurado) no tiene prejuicios a la hora de establecer relaciones de todo tipo, bisexualidad a tope, hetero, homo… A partir de ese momento, una serie de personajes se le empiezan a insinuar y a despertar su curiosidad, entre ellos Alberto (Álvaro Gallegos), un compañero de trabajo de Marta, aficionado a la pintura, que le invita a ver sus cuadros a la vez que extiende la invitación a otros campos más personales. Precisamente es la historia de este personaje, y su intento de suicidio, la que pone la nota al tema, al enterarse de que es portador a raíz también de la muerte de su anterior compañero.


Texto: Manuel González.


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2 Comentarios to “El sida en la pantalla cinematográfica. De 1980 a 2000. Veinte años con el miedo y la muerte”

  1. jose luis Dice:

    muy buena recopilacion, pero quisiera saber por una pelicula en la que el enfermo de sida esta agonizante en la casa de un amigo y v¡ene la madre que ya no queria saber mas nada de el a visitarlo y que no se anima a tocarlo o besarlo y es eso justamente lo que el quiere, quisiera saber el nombre de esa pelicula.
    gracias desde ya y muy buena pagina.

  2. jose luis Dice:

    encontre la peli se llama ITS MY PARTY, gracias por la pagina.

Comentarios

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