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El desencanto


desencanto1Vuelvo a ver El desencanto (1977), de Jaime Chávarri y constato, no sin cierta sorpresa, que la película no sólo no ha envejecido, sino que, despojada de ciertas asociaciones coyunturales, ha ganado en frescura y relevancia. Ya no es, en efecto, una metáfora de la Transición a la democracia, ni un juicio abierto a las generaciones que conocieron y toleraron la dictadura, sino una serena reflexión sobre las relaciones de familia, sobre la posible permeabilidad de valores y vivencias entre distintas generaciones y sobre el papel que en todo ello juegan las ambiciones personales, en este caso literarias, de algunos de los partícipes en el drama.


La película se sitúa en el año 74, cuando, a los doce años de la muerte del poeta Leopoldo Panero, el ayuntamiento de su pueblo natal, Astorga, inaugura un monumento a su memoria, en un acto al que asisten la viuda, Felicidad, y dos de los hijos de ambos, Michi y Juan Luis. En otras secuencias conoceremos al tercer hijo de la familia, Leopoldo María, distanciado, resentido y marcado por su paso por instituciones psiquiátricas y la cárcel. Los cuatro hablan, aparentemente sin ambages, de las relaciones de familia y de los recuerdos que tienen del padre muerto, casi unánimemente descrito como indiferente y autoritario, además de dotado de una especie de aura pública de prócer, o de poeta semioficial, que pesa como una losa sobre sus relaciones con el resto de la familia.


eldesencanto04Pero más interesante aún que la relación con el padre muerto, es la que se establece entre los supervivientes; entre la madre, por un lado, y los hijos por otro, o entre éstos entre sí. Hay que decir que Felicidad Panero se gana de inmediato al espectador por su elegancia, incluso por su belleza madura, amén de por su discurso a medias irónico y nostálgico, contra el que resulta empequeñecido y casi inoperante el continuo recurso de sus hijos al reproche o al sarcasmo. Pero también acabamos adivinando en ella un fondo casi perverso de indiferencia, seguramente adoptado como recurso defensivo contra el marido demasiado absorbente y contra una realidad empequeñecida y sórdida, muy distinta de la que esta afiliada al Jockey Club conoció en su juventud, en tiempos de la República. Y adivinamos que este distanciamiento defensivo, aunque siempre cordial, de la madre pudo ser tan letal para los hijos como el atrabiliario autoritarismo del padre alcohólico y megalómano. En contraste con estos padres singulares e inalcanzables crecen los tres hijos: el frívolo Michi, el atildado Juan Luis, el descentrado Leopoldo María. El que estos dos últimos sean poetas, como el padre, no hace sino añadir un motivo más de rivalidad y recelo entre ellos. La película se resiente, quizá, de concederle, en este respecto, una mayor atención a Leopoldo María, entonces literariamente mejor considerado que su hermano; aunque curiosamente, es este último el único al que se le permite leer un extenso y lúcido poema, “Frente a la estatua del poeta Loepoldo Panero”. Esta consideración de uno y otro hermano en el mercado literario ha variado, y ahora es Juan Luis quien goza de un merecido prestigio, mientras que la obra del hermano está prácticamente olvidada.


Son éstos, quizá, los únicos aspectos que asignan esta película al género documental, lastrando su posible consideración como drama puro, interpretado por “actores” que son también sus protagonistas en la vida real. La melancólica fotografía en blanco y negro, de grano grueso, forzado, como si hubiéramos tenido que forzar los ojos para ver mejor en un interior en penumbra, añade una discreta nota esteticista y un matiz de atemporalidad a esta película que salió a la calle cargada de referencias al momento histórico. Ahora éstas son lo menos importante en ella, y eso dice algo también de nosotros, sus espectadores.


Texto: José Manuel Benítez Ariza.



Ver La vida de Leopoldo Panero vuelve al cine con el documental Los abanios de la muerte.

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5 Comentarios to “El desencanto”

  1. Rafael Gómez Dice:

    Efectivamente, es una película que no sólo no ha envejecido si no que incluso en el año 2009 se conserva fresca y de rabiosa actualidad.

  2. stevencox Dice:

    Es una gran película, que me impactó muchisimo la primera vez que la vi.

  3. M.G.H. Dice:

    Muy buen artículo, pero creo que la película arremete demasiado contra la figura de Leopoldo Panero. Podría ser muy malo, que seguro, con su familia y muy facha, también, pero desde luego era un grandísimo poeta. Son las caras y las cruces de todo ser humano.

  4. José Manuel Benítez Dice:

    Es posible, sí, que quien no conozca a Leopoldo Panero no se forme muy buen concepto de él al ver la película. Pero, objetivamente hablando, la película creo que no arremete contra él: ahí están los versos suyos que recuerda Felicidad, y las emocionadas palabras de Luis Rosales, e incluso el ambivalente tributo que le dedica su hijo Juan Luis en el poema citado, a propósito del monumento.

  5. Lector de Panero (padre e hijos) Dice:

    Me parece obsceno que se trate así a un muerto. Los facharrojos (sobre todo si son del PSOE, casi todos hijos de prebostes del franquismo) nunca han hecho una pelicula (por ejemplo) sobre Alberti, un buen poeta sobrevalorado que fue un canalla como persona según testimonios historicos y al que la izquierdona facharroja ha entronizado en varias hagiografias. Otro ejemplo, Neruda, un ultrafacharrojo que justificó hasta los crimenes de Stalin. Al menos la derecha es más honrada y no tapa sus taras y tarados.

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